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Europa en alerta: el hongo C. Auris se expande y pone en jaque a hospitales y pacientes.

El hongo Candida auris avanza silenciosamente y ya preocupa a las autoridades sanitarias europeas. Entre 2013 y 2023 se confirmaron 4.012 casos en la UE —1.807 en España—, pero los expertos advierten: estas cifras podrían ser solo “la punta del iceberg”. La amenaza es real y los sistemas de salud se preparan para contenerla.

Ilustración del hongo ‘Candidozyma auris’.Stephanie RossowCDC

A las autoridades sanitarias europeas les preocupa el avance del hongo Candidozyma auris, antes denominada Candida auris, que continúa diseminándose rápidamente por los centros hospitalarios del continente, lo que «supone una seria amenaza para los pacientes y los sistemas sanitarios». Así lo subraya un informe publicado este jueves por el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC por sus siglas en inglés).

C. auris es una levadura que se describió por primera vez en la práctica clínica en 2009, en una paciente en Japón que sufría una infección de oído. Sin embargo, en solo 16 años, el patógeno ha demostrado una enorme capacidad para diseminarse por todo el mundo, infectando fundamentalmente a personas vulnerables. Este hongo puede causar cuadros sistémicos muy graves, con tasas de mortalidad que superan el 50% en pacientes frágiles, y tiene una gran habilidad para resistir a los tratamientos antifúngicos y permanecer en las superficies y equipamiento sanitario.

Según el informe del ECDC, entre 2013 y 2023, en la UE se registraron 4.000 casos de infección por este hongo. Cinco países -España, Grecia, Italia, Rumanía y Alemania- han notificado la gran mayoría de los casos. De hecho, España está a la cabeza de la lista, con 1.807 casos, seguido por Grecia, con 852, Italia, con 715, Rumanía, con 404 y Alemania, con 120.

No obstante, tal y como explicó Diamantis Plachouras, responsable del departamento de Resistencia Antimicrobiana del ECDC, estas cifras «son solo la punta del iceberg» y no reflejan una adecuada fotografía de la situación en Europa, porque «no todos los casos se notifican» y la mayoría de países no tiene un sistema de vigilancia para el patógeno.

España fue el primer país continental europeo en tener un brote de C. auris, detectado en 2016 en la Comunidad Valenciana, explica Ana Alastruey, científica titular del Laboratorio de Micología del Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) y referencia internacional en la vigilancia de hongos patógenos.

«En ese momento aún se desconocía mucho sobre este hongo y la mayoría de los hospitales no tenían sistemas preparados para identificarlo, de modo que cuando se reconoció el problema ya había numerosos casos, lo que hizo muy complicado controlar el brote», añade la especialista, quien subraya que «lo destacable es que, mientras en muchos países los casos siguen aumentando, en España el número está descendiendo. La experiencia acumulada en Valencia (tanto en investigación como en el manejo clínico) ha sido fundamental para aprender cómo actuar frente a C. auris y ha permitido mejorar la respuesta en el resto del país. Hoy somos capaces de detectar un caso de C. auris mucho más rápido, lo que dificulta que se convierta en un brote; de hecho, en los últimos años ha habido casos aislados en algunos hospitales que no han generado transmisión».

En los últimos años, los casos en Europa han crecido rápidamente, advierte el informe, que desgrana que solo en 2023 se notificaron 1.346 casos en 18 países. Pero los expertos creen que las cifras reales son mucho mayores y hace falta una radiografía apropiada de la situación en la UE.

«La vigilancia de hongos en Europa es muy limitada y desigual, hay pocos países que realmente tengan un sistema de vigilancia por lo que los datos recogidos en este informe no siempre son comparables entre países«, continúa Alastruey.

Para combatir el avance de C. auris, la clave es detectar el hongo cuanto antes y actuar de inmediato, coinciden en señalar Alastruey y Plachouras. El hongo tiene la capacidad de adherirse a superficies y equipos médicos, y es difícil de eliminar con desinfectantes habituales, lo que facilita su propagación si no se controla a tiempo. Por eso, es esencial identificar rápidamente a los pacientes portadores, aplicar aislamiento cuando sea necesario, reforzar la higiene de manos y extremar la limpieza y desinfección del entorno hospitalario.

«A nivel nacional necesitamos sistemas de vigilancia más sólidos que permitan mejorar el control y la prevención. En España aún queda camino por recorrer, pero ya se están dando pasos importantes: el PRAN (Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos) ha incluido por primera vez a los hongos en su nuevo plan estratégico (2025-2027), y desde el ISCIII se trabaja activamente en reforzar la vigilancia, la investigación y el apoyo técnico al sistema nacional de salud para mejorar la respuesta frente a C. auris y otras infecciones resistentes», señala Alastruey.

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Plachouras recordó que a día de hoy solo 17 de los 36 países analizados en el informe tienen un sistema de vigilancia nacional para el seguimiento de C. auris y España no está entre ellos.

Aunque Candida auris sigue siendo el nombre más usado para el patógeno, su denominación oficial ha cambiado a Candidozyma auris «porque los estudios genéticos más recientes han demostrado que este hongo no pertenece exactamente al grupo clásico de Candida y presenta características que justifican el cambio», aclara Alastruey.

Fuente: ElMundo.es / Cristina G. Lucio

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