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Sufrir trastornos digestivos incrementa el riesgo de padecer Alzhéimer y Párkinson: «Salud intestinal es salud cerebral»

Una investigación liderada por la española Sara Bandrés muestra que padecer patologías como la colitis puede hasta duplicar el riesgo de desarrollar patologías neurodegenerativas

Cada vez más evidencias exhiben el lazo que une intestino y cerebro. Un equipo internacional con participación española muestra este miércoles la relación que existe entre padecer trastornos digestivos como la colitis o la esofagitis y un mayor riesgo de desarrollar Alzhéimer y Párkinson.

El trabajo ha analizado datos clínicos, genéticos y proteómicos de muestras de más de 500.000 personas almacenadas en tres biobancos distintos.

«Nuestros datos muestran que personas con trastornos intestinales persistentes —incluyendo gastroenteritis, colitis, o trastornos funcionales como el síndrome del intestino irritable, estreñimiento crónico funcional, diarrea funcional crónica, o dolor y distensión abdominal funcional— pueden tener hasta el doble de probabilidad de desarrollar enfermedades neurodegenerativas, como Alzhéimer o Párkinson, muchos años después del inicio de los síntomas intestinales», explica a este diario la investigadora española Sara Bandrés Ciga, directora del área de Neurogenética en el Centro para el Alzheimer y demencias asociadas de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) en EEUU y principal firmante de la investigación que acaba de publicar la revista Science Advances.

La científica subraya que la relación hallada se refiere a «trastornos crónicos, no a episodios esporádicos».

Además, hace hincapié en que «aunque los trastornos digestivos y metabólicos crónicos aumentan significativamente el riesgo de Alzhéimer o Párkinson, estas enfermedades neurodegenerativas no se dan exclusivamente en personas con problemas digestivos previos«.

Muchas personas desarrollan neurodegeneración «sin haber tenido trastornos intestinales o metabólicos diagnosticados, lo que indica que la genética, otros factores ambientales y el envejecimiento también desempeñan un papel crucial».

En cualquier caso, la investigación, el mayor estudio poblacional que se ha llevado a cabo hasta la fecha sobre el eje intestino-cerebro y su relación con la neurodegeneración, «muestra que los problemas digestivos son un factor de riesgo adicional y modulable, que puede ayudar a identificar subgrupos de población con mayor susceptibilidad y, junto con otros datos clínicos, proteómicos y genéticos, ofrecer una ventana para futuras estrategias de prevención temprana«, subraya Bandrés Ciga, quien remarca que «tu intestino no guarda secretos: todo lo que pasa allí llega a tu cerebro»

Qué es lo que une intestino y cerebro

En cuanto a los mecanismos implicados en la unión de este lazo entre patologías digestivas y neurodegeneración, la investigadora recuerda que «uno de los mecanismos clave que conecta intestino y cerebro es el sistema nervioso entérico, o ‘segundo cerebro’, una red de millones de neuronas que controla la motilidad, la secreción y la respuesta inmune del intestino».

Esta red, explica, se comunica con el cerebro a través del nervio vago, señales inmunológicas y metabolitos producidos por la microbiota intestinal, «permitiendo que alteraciones crónicas en el intestino —como trastornos digestivos funcionales, inflamatorios o metabólicos— puedan influir en la función cerebral y aumentar el riesgo de enfermedades neurodegenerativas años antes de que aparezcan los síntomas».

La investigadora española Sara Bandrés Ciga.

Los datos obtenidos abren vías para mejorar el diagnóstico y el tratamiento de las patologías neurodegenerativas, señalan en la revista científica los autores de la investigación, en la que también ha participado el científico de la Universidad de Málaga Armando Reyes Palomares.

«Aunque aún no hay evidencia definitiva de que tratar los trastornos digestivos reduzca directamente el riesgo de Alzhéimer o Párkinson, mantener la salud intestinal es un factor clave. Mejorar los trastornos crónicos del intestino podría reducir inflamación, desequilibrios metabólicos y alteraciones de la microbiota, todos ellos mecanismos que sabemos que influyen en la función cerebral. Por lo tanto, cuidar el intestino puede ser una estrategia preventiva importante, y junto con hábitos de vida saludables y control de otros factores de riesgo, podría contribuir a disminuir la probabilidad de desarrollar enfermedades neurodegenerativas en el futuro», señala Bandrés, incidiendo en que «salud intestinal es salud cerebral».

Con los datos obtenidos, el equipo ha desarrollado un modelo abierto a la comunidad científica que permitirá seguir explorando las relaciones entre intestino y cerebro y «desenmarañar las bases patológicas y moleculares que explican por qué estos trastornos intestinales y metabólicos pueden aumentar el riesgo de Alzheimer y Parkinson. Esto incluye estudiar cómo la inflamación intestinal, la microbiota y los metabolitos del intestino afectan al cerebro a nivel molecular, explorar biomarcadores tempranos y combinar datos multi-ómicos en modelos predictivos más precisos», señala la investigadora española.

«Tradicionalmente, el cerebro ha sido estudiado como un órgano aislado, pero cada vez hay más evidencia de que no podemos comprender las enfermedades neurodegenerativas sin tener en cuenta al organismo como un todo«, reflexiona.

«Trastornos metabólicos, endocrinos, digestivos o inmunológicos influyen directamente en los procesos neurodegenerativos. Por eso hablamos de un enfoque sistémico, donde la neurodegeneración no es solo «una enfermedad del cerebro», sino el resultado de un desequilibrio en múltiples sistemas que interactúan a través del eje intestino-cerebro y otras rutas biológicas», concluye.

Para José Luis Laciego, investigador serior del Programa de Terapia Génica en Enfermedades Neurodegenerativas en el Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) de la Universidad de Navarra, «estos datos corroboran evidencias existentes acerca del denominado eje intestino-cerebro, de manera tal que se considera importante el prestar atención a estas patologías del intestino con el fin de hacer un seguimiento detallado a los pacientes e intentar realizar un diagnóstico temprano de las enfermedades neurodegenerativas cerebrales», ha señalado en declaraciones a Science Media Center España.

«El aparato digestivo con frecuencia es considerado como «el segundo cerebro», pues cuenta con numerosas neuronas en su capa submucosa. Está conectado con el cerebro bidireccionalmente a través del nervio vago», continúa.

«Hay numerosas evidencias que demuestran un papel principal de la microbiota intestinal y sus alteraciones (conocidas como disbiosis intestinal) a la hora de desencadenar enfermedades neurodegenerativas cerebrales. De hecho, hace pocos días se ha demostrado que cuando una determinada bacteria presente en personas con mala salud bucodental es administrada a ratones, estos desarrollan depósitos de la proteína denominada beta-amiloide en forma de placas muy similares a las presentes en el cerebro de pacientes con enfermedad de Alzheimer».

Fuente: ElMUNDO.es / Cristina G. Lucio

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